El Ocio y la Vida Intelectual

Este extracto de la obra del filósofo y sociólogo alemán Josep Pieper no sólo nos ayuda a recordar el significado de palabras como sacrificio, culto, templo y fiesta, si no que nos invita a cuestionarnos sobre el sentido que le damos a nuestro habitar en el mundo.

Conscientes de ello o no, actualmente nos desenvolvemos según reglas acordes a un régimen laboral totalitario, desde el cual nuestro tiempo y espacio se definen según su utilidad material. Como consecuencia, todo parece tener dueño, la tierra, el agua, el cielo e incluso nuestro tiempo -tiempo que ponemos a disposición de nuestro patrón a cambio de una recompensa monetaria.

Dentro de tal régimen, el ocio parece no tener cabida. Porque tiempo que no se dedica al trabajo es tiempo perdido, el ocio merece incluso nuestro rechazo moral. Sin embargo, ¿no es acaso durante el ocio cuando el ser humano tiene la oportunidad de acercarse más a sí mismo?

El tiempo dedicado a la meditación, al yoga, también al arte, se vuelven en tal ambiente un gesto de rebeldía.

Cada minuto del día dedicado al ocio implica elevarnos más allá de las reglas de conducta de lo que es funcional al sistema, recuperar una porción del tiempo que hemos cedido a la producción material para adentrarnos en nuestro ser. Algo que no se supone que suceda, algo que no reporta ninguna utilidad material, y que sin embargo, tiene que ver con nuestra capacidad de habitar no sólo como empleados útiles si no que como seres humanos libres y felices.

Alejandro Ayala Polanco

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“El culto tiene con respecto al tiempo un sentido semejante al que tiene el templo con relación al espacio. Templo quiere decir (como lo indica la significación lingüística primitiva de las palabras correspondientes) que una determinada superficie se separa, acotándola, cercándola, deslindándola del resto del suelo que se utiliza para el cultivo y la colonización, y que esta superficie cercada se transfiere, por decirlo así, a los dioses en propiedad, no se la habita ni la cultiva, se la sustrae al aprovechamiento.

Mediante el culto y gracias a él se separa también del tiempo aprovechado en la labor diaria un período determinado, un espacio de tiempo limitado, y este tiempo, lo mismo que la superficie del recinto del templo y del lugar de sacrificios, no se “utiliza”, queda sustraído a la “utilización”. Este período de tiempo es el séptimo día. Es el espacio de tiempo dedicado a la fiesta, que surge así y no de otro modo.

En el mundo laboral totalitario no puede darse un espacio inutilizado, ni una superficie del suelo que no se utilice, ni un período de tiempo que no se aproveche; no puede haber, pues, lugar para el culto ni para la fiesta, pues el principio de la utilización racional es la base exclusiva donde se apoya el mundo del trabajador.

La “Fiesta” en el mundo laboral totalitario es pausa en el trabajo (y, por tanto, existe por y para el trabajo) o es, en las fiestas del trabajo, exaltada celebración de los principios mismos del trabajo (y, por tanto, otra vez implicación en el mundo laboral). Puede haber “juegos”, naturalmente; puede haber circenses; ¡pero quién va a dar el nombre de “fiesta” a la diversión de las masas!

El mundo del “trabajador” no puede ser más que un pobre y mezquino mundo, aunque haya la mayor abundancia de bienes materiales. Con arreglo al principio utilitario en virtud del cual existe el mundo laboral, no puede haber verdadera riqueza ni verdadera abundancia. Cuando sobre algo, el exceso irá a someterse a su vez al principio de la utilización racional: “el trabajo no hace rico, sino jorobado”, dice un antiguo proverbio ruso.

En cambio, es propio de la naturaleza del culto que, incluso en caso de extrema pobreza en lo material, dé margen para una sobreabundancia y riqueza, porque el centro del culto lo constituye el sacrificio.

¿Qué quiere decir sacrificio? Ofrecimiento voluntario y obsequioso; es decir, no utilitario, justamente el extremo más opuesto a la utilidad.

Así es como en la participación cultural, y solamente a partir de ella, se produce una reserva que el mundo laboral no puede agotar, una prodigalidad sin término y no sujeta a cálculo, una abundancia no ligada a fines utilitarios, una verdadera riqueza: el tiempo dedicado a la fiesta.”


Josef Pieper (1962); El Ocio y la Vida Intelectual; Rialp S.A. Ediciones; Madrid.

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