Juicios moralistas y subordinación

face5bPrimera distinción:

“Es importante no confundir los juicios de valor con los juicios moralistas. Todos hacemos juicios de valor con respecto a las cosas de la vida que estimamos. Podemos valorar, por ejemplo, la honradez, la libertad o la paz. Los juicios de valor reflejan nuestras creencias con respecto a cómo podría mejorar la vida. En cuanto a los juicios moralistas, los hacemos en relación con personas y conductas cuando no concuerdan con nuestros juicios de valor.”

Jamás he visto a un hombre perezoso;
sé de uno a quien nunca vi correr,
y sé de otro que a veces dormía
entre el almuerzo y la cena
y que se quedaba en casa cuando llovía
pero no era perezoso.

Antes de llamarme loca,
piensa un momento:
¿era perezoso
o sólo hacía cosas que considerábamos
“de perezoso”?

 

Juicios Moralistas

Un tipo de comunicación que aliena de la vida es aquél en el que empleamos juicios moralistas que presuponen una actitud errónea o malvada por parte de aquellas personas que no actúan de acuerdo con nuestros valores. Estos juicios se reflejan en comentarios como: “Tu problema es que eres muy egoísta”. “Es una perezosa”, “Estás lleno de prejuicios”, “Esto es inapropiado”. Echar la culpa a alguien, insultarlo, rebajarlo, ponerle etiquetas, criticarlo, establecer comparaciones y emitir diagnósticos son distintas maneras de formular juicios.

En el mundo de los juicios nuestra preocupación se centra en quién “es” qué.

La comunicación que nos aliena de la vida nos atrapa a un mundo de ideas preconcebidas con respecto a lo que está bien y lo que está mal, un mundo hecho de juicios. Emplea un lenguaje en el que abundan las palabras que establecen clasificaciones y dicotomías con respecto a las personas y a sus formas de actuar. Cuando utilizamos el lenguaje juzgamos a los demás y su comportamiento y nos centramos en quién es bueno, malo, normal, anormal, responsable, irresponsable, inteligente, ignorante, etc.

El análisis de los otros es en realidad una expresión de nuestras propias necesidades y valores.

Siempre que empleamos este lenguaje, pensamos y nos comunicamos desde la perspectiva de que algo falla en los demás porque se comportan de una determinada manera o, a veces, de que algo falla en nosotros porque no comprendemos o no respondemos como nos gustaría. Centramos nuestra atención en clasificar, analizar y determinar niveles de error más que en lo que necesitamos (nosotros y los demás) y no conseguimos. Si mi compañero de trabajo se preocupa más que yo por los detalles, es “quisquilloso y compulsivo”. En cambio, si soy yo quien se preocupa más por los detalles, él es “descuidado y desorganizado”.

Creo que este tipo de análisis de otros seres humanos no es más que una trágica expresión de nuestros propios valores y necesidades. Trágica porque, cuando expresamos nuestros valores y necesidades de esta manera, lo único que conseguimos es potenciar una actitud defensiva y de resistencia en las mismas personas cuya conducta nos molesta. Y si aceptan actuar en consonancia con nuestra escala de valores porque coinciden en nuestro análisis de su ineptitud, es probable que sólo lo hagan por miedo, culpa o vergüenza.

El precio que nos toca pagar es realmente muy alto. Tarde o temprano vendrán las consecuencias bajo la forma de una falta de buena voluntad por parte de aquellos que responden a nuestros deseos por coerción externa o interna. Por otro lado, cuando alguien hace algo por miedo, culpa o vergüenza, también paga un precio de tipo emocional, ya que abrigará un resentimiento contra nosotros al quedar rebajada su autoestima. Además cada vez que otras personas nos asocien con cualquiera de estos sentimientos, disminuirá la probabilidad de que en el futuro responda de una manera solidaria a nuestras necesidades y nuestros valores.

Clasificar y juzgar a las personas promueve la violencia.

La comunicación que nos aliena de la vida surge de las sociedades jerárquicas o de dominación y la sustenta.

Cuanto más acostumbramos a las personas a pensar en términos de juicios moralistas que implican lo que está mal o incorrecto, tanto más aprenden a mirar hacia fuera de sí mismos, a las autoridades externas, para encontrar la definición de lo que constituye lo correcto, lo incorrecto, lo bueno y lo malo. Cuando nos ponemos en contacto con nuestros sentimientos y necesidades, los seres humanos dejamos de ser buenos esclavos o subordinados.”

Extraído de “Comunicación no Violenta, Un Lenguaje de Vida”, Marshall B. Rosenberg, Ph. D.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: